Out of the box, my friends.
Creer que esa débil, frágil y falaz estabilidad que puede suponer mantener a Boluarte y a este Congreso en el poder, no traerá como consecuencia un mediano y largo plazo mucho más desastroso, es una ceguera descomunal.
Llevo semanas tratando de obtener diferentes puntos de vista sobre el motivo por el cual, para algunos, Dina Boluarte, y con ella, la banda de congresistas que hoy pululan por el Congreso levantándose hasta los ceniceros, debe mantenerse hasta el 2026. La semana pasada, IPSOS determinó en su última encuesta que el 71% de las altas gerencias consideran que Dina debe quedarse. Y así lo publicó Bloomberg: “Peru’s President Is Loved by CEOs, Hated by Almost Everyone Else. Boluarte has 71% approval among CEOs, 12% among all citizens”. Tremenda paradoja.
Es difícil encontrar un común denominador, pero, en suma, lo que sucede es que quien dirige una compañía de considerables magnitudes económicas y sociales, requiere sobremanera estabilidad. Estabilidad para mantener positivos a los inversionistas, para atraer a nuevos, para que los mercados internacionales sigan confiando y comprando, para mantener los indicadores en azul. Y claro, que volvamos tan pronto al circo electoral genera incertidumbre e inestabilidad, hasta ahí estamos de acuerdo. Sin embargo, es en esa disociación donde a mi parecer, se demuestra el cortoplacismo de algunos CEO´s. Lo dije hace varios meses en una columna y lo repito hoy.
Creer que esa débil, frágil y falaz estabilidad que puede suponer mantener a Boluarte y a este Congreso en el poder, no traerá como consecuencia un mediano y largo plazo mucho más desastroso, es una ceguera descomunal.
Política y economía no pueden ir por cuerdas -tan- separadas. Sé que en el Perú tratamos de trazar una zanja profunda para que la economía sea lo más impermeable al tóxico diluvio político. Pero no todo es el MEF y el Banco Central. Ahí bien, continuidad, paz y estabilidad. Pero en términos comerciales y corporativos, creer que esa disociación es funcional, es un craso error. No tendremos estabilidad económica si la fractura social se sigue profundizando y quienes pueden influir en el destino país, se mantienen al margen. Para muestra un botón. Más de 11,000 profesores de educación pública consiguieron sus puestos de trabajo con información falsificada. Títulos bamba. En 24 meses la educación ha sufrido los peores embistes; si ya era mala, mañana será paupérrima. Si creemos que el talento solo se consigue en las universidades privadas, la oferta laboral siempre será insuficiente, por ende, contratar será más caro.
La gran mayoría de estos congresistas no ha hecho otra cosa desde que llegó que literalmente, hacer la plata que en su vida pensaron podrían hacer. Para qué trabajar, si puedes robar. Ese es el ejemplo que predican y que miles compran. El Estado peruano es un botín. Un botín al que aspiran miles de piratas disfrazados de políticos. Eso no puede continuar, no si queremos la estabilidad que la economía requiere.
La recesión está a la vuelta de la esquina. La crisis económica es más real que el sol invernal que nos regala el cambio climático, sí, ese que millones de personas negaron y que hasta Donald Trump ninguneó como una pataleta de los progresistas y ambientalistas. Por eso es por lo que necesitamos directivos que vean el país a largo plazo, más allá de sus periodos en el directorio. Directivos cuyos planes B, no sean liquidar sus activos para mudarse a un país más viable.
Necesitamos directivos que apuesten por resolver los problemas estructurales de la compleja “empresa” que es el Perú y que estén dispuestos a asumir los riesgos que supone, empatizar con la población. Out of the box my friends, please.
Léase también en www.politikeros.com