#ElPerúQueQueremos

No es cuestión de todos, ni de todas, ni de todes.

Ni binarios, ni no binarios.

Publicado: 2022-07-28


Uno de los temas más controversiales de los últimos años, no solo en el Perú, sino en gran parte de la comunidad hispanohablante, es el uso del masculino, el femenino o el neutro a la hora de identificar a las personas. Desde mi punto de vista, es una pena que el debate se haya centrado en la gramática. Aquellos que discrepan con el uso de variantes gramaticalmente no aceptadas, se centran en la defensa del idioma, de las reglas gramaticales y de la no necesidad de diferenciar entre “ellas y ellos”. Por ejemplo, cuando alguien abre un discurso saludando a todos y a todas, hace que los detractores refieran que ello es incorrecto porque el uso de “todos” es gramaticalmente inclusivo y no es necesario hacer la mención a “todas”. Cuando alguien utiliza la x, la e o la @ para hacer referencia al masculino, al femenino, o a cualquier identidad no binaria, es también duramente criticado, porque ello supone un atentado contra la gramática castellana. Aquí hay dos temas. Por un lado está el tema del idioma, la gramática o el lenguaje en general. Pero por otro, está aquello que realmente ha motivado el haber empezado a usar esas diferenciaciones. A mi entender, el error de base se da en creer que el discurso, el debate, la demanda, está relacionada con el lenguaje. Personalmente, estoy de acuerdo con que decir todes, todxs o tod@s, es un uso incorrecto del idioma. Pero pese a ello, porque ejemplo, en un contexto informal, yo uso la arroba cuando quiero hacer referencia a hombres y mujeres en una sola palabra, porque básicamente hago economía en el texto y así no tengo que decir todas y todos, en cada momento. Ahora bien, en un contexto más formal, sí hago mención explícita al femenino y el masculino por una sencilla razón (que por cierto es la verdadera razón del por qué se genera toda esta nueva corriente): para poner en evidencia la discriminación. Por ejemplo, en el Perú las mujeres solo fueron consideradas dignas de acceder al voto desde setiembre de 1955. Antes de ese fecha, la mayoría de personas que vivían en el Perú (sí la mayoría, porque el sexo femenino es mayoritario en el Perú), no tenía derecho al voto. Se les consideraba incapaces de tomar sus propias decisiones, de decidir los destinos del Perú, se les consideraba en suma, inferiores. Y eso que solo hago referencia al derecho al voto, pero podría citar cientos de ejemplos históricos que discriminaron a las mujeres por el solo hecho de serlo. Aún hoy, es absolutamente innegable que gran parte de la población masculina y femenina también, consciente o inconscientemente, considera a las mujeres como un accesorio, un complemento, que siguen creyendo que detrás de un gran hombre hay una gran mujer.

De igual manera con aquellas personas que pueden ser de un sexo determinado, pero consideran su identidad de género, de otro. Ya ni que decir, con quienes consideran no ser parte de la diferenciación binaria de la identidad del género. No hasta hace mucho, si una persona se sentía atraída por alguien de su mismo sexo, tenía dos rutas: el exorcismo o el siquiatra, dependiendo de quién tomara la decisión de “curarle”.

Aprovecho para hacer una referencia a las cuotas legales, que tienen exactamente la misma razón de ser que todo este embrollo gramatical. La ley electoral, en materia de gobiernos regionales, municipales y distritales, te obliga a incluir un 30% de mujeres en la lista. ¿Si todos somos iguales, por qué debe haber una ley que obligue a incluir mujeres en las listas de candidatos?, ¿por qué no hay una cuota obligatoria que obligue a incluir un mínimo de hombres en las listas de candidatos?; ¿es obvio, no?, porque existe discriminación; la ley de cuotas lo que hace, es aplanar la cancha, hacer lo que la ciudadanía no hace de manera natural.

El uso de esas licencias gramaticales, lo único que busca es poner sobre la mesa lo que durante años estuvo escondido. Lo que hacemos quienes saludamos a todos y a todas explícitamente, no es nada más que tratar de ser respetuosos, inclusivos, de recordar siempre que existe esa discriminación; de incluir en el discurso a todas las personas, sin diferenciación alguna, aún sabiendo que a lo mejor la Real Academia nos va a jalar las orejas. No llevemos el debate a la mesa equivocada. No hagamos de esta discusión otro tema más para insultarnos. Entendamos que es necesario conseguir una cancha más plana para muchos, para esos millones de peruanos y peruanas, cuya libertad es cuesta arriba. Porque en el fondo, todo se trata de eso, de libertad. Defendamos la libertad del otro así como defendemos la propia. Nadie tiene el derecho a decidir por ti, pero tampoco tú el derecho a decidir por otro.

Cuando escuches a alguien hacer referencia a ellos y a ellas, a todos y a todas o inclusive a todes, no te quedes en la frase, en la letra que sobra o que falta; de hecho no tienes por qué estar de acuerdo con el uso de esas licencias; es más, no las uses si no estás de acuerdo, es tu derecho, pero deja que otro las use si con ello se siente incluido, se siente parte, si con ello siente que está ayudando un poco, solo un poco, a que seamos más igualitarios, menos discriminadores y más inclusivos.


Escrito por

Hernán Díaz E.

Mg. en Derecho Corporativo y Finanzas. Abogado, empresario, emprendedor. Columnista y analista político.


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