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El Centro Político

Una aproximación desde el Republicanismo

El centro político existe: se llama Centro Republicano. Existe conceptualmente, por definición, con identidad propia ideológica y doctrinaria. Definir la identidad política de un ciudadano como de centro republicano supone que dicha identidad esté alineada con preceptos, principios, valores y dogmas políticos específicos. A efectos de este documento, nos centraremos en el centro político republicano.

Hernán Díaz Eguiluz

Publicado: 2022-06-03


Uno puede tener una aproximación con respecto al centro político desde diferentes ángulos. Se puede entender (i) como un espacio políticamente equidistante entre dos fuerzas preponderantes como son, el (neo) liberalismo y el socialismo (por hacer referencia a dos de las familias ideológicas más conocidas); o un espacio que reúne y concentra a quienes por diferencias menores no consiguen posicionarse plenamente en cualquiera de esas dos corrientes y optan por moderar su discurso, es decir, un punto medio; en suma, un espacio que aglutina ciudadanos disconformes con su verdadero pensamiento político; (ii) como un espacio político que se aleja de extremos tanto de derecha como de izquierda donde quienes se definen como moderados se encuentran y por contraposición se alejan de pensamientos extremos o radicales; (iii) como un espacio neutral, que toma una posición más liberal o social según sea el contexto o la coyuntura e (iv) incluso para muchos como algo inexistente donde se establece que se es de derecha o se es de izquierda, con todas las variaciones que al consumidor ideológico se le ocurran, pero que a fin de cuentas, el centro como tal, no existe.

Ello en tanto que el ser político se define mejor, siempre desde un enfoque dicotómico.

Todas esas premisas son erradas. Ni es un espacio vacío que se llena de liberales y socialistas moderados, ni es un lugar donde confluyen los neutrales, que se acomodan en función a las circunstancias; muchos menos, un espacio político inexistente.

El centro político existe: se llama Centro Republicano. Existe conceptualmente, por definición, con identidad propia ideológica y doctrinaria. Definir la identidad política de un ciudadano como de centro republicano supone que dicha identidad esté alineada con preceptos, principios, valores y dogmas políticos específicos. A efectos de este documento, nos centraremos en el centro político republicano.

Un republicano, ubicado en ese espectro espacial que denominamos centro, requiere asumir como propios ciertos elementos fundamentales y no-negociables de un verdadero centro republicano, tales como (i) entender que la soberanía y el poder residen en la ciudadanía y que solo se delega mediante un mandato representativo en un grupo de personas, quienes de manera temporal y en base a ese mandato, ejercen el poder siempre en pro y de cara al soberano; (ii) el asumir un compromiso de acción para participar en los asuntos de orden público; (iii) asumir la condición de iguales en derechos y deberes de todos los ciudadanos, así como en términos de dignidad y libertad; (iv) rechazar toda forma de dominación o discriminación frente a las minorías; (v) entender que un republicano de centro siempre defenderá la institucionalidad de los órganos del Estado; (vi) respetará y promoverá el Imperio de la Ley sin distinción; (vii) actuará con coherencia entendiendo que los derechos individuales y la libertad de cada ciudadano no se superpone a la acción colectiva o a la búsqueda de la igualdad, sino que por el contrario, se complementan; (viii) un republicano de centro entiende la prioridad de darle suma importancia al cuidado del medio ambiente y la biosfera, no permitiendo que el desarrollo del capital se imponga en perjuicio de la conservación de los ecosistemas como fuente de provisión de recursos; (ix) priorizará siempre el talento de sus ciudadanos, entendiendo la necesidad de buscar el desarrollo pleno de las capacidades de todos y todas, sin distinción.

Ampliando los elementos previamente mencionados podemos definir claramente una posición republicana en tanto que ésta pone como sujeto principal de la acción política a la comunidad, no al individuo en particular, ni a clases sociales específicas: obreras o campesinas ni de ninguna otra índole en especial. En términos económicos, promueve la libertad de empresa y el ejercicio de toda libertad económica que permita un desarrollo patrimonial como fruto del mérito propio, pero de manera particular, el centro republicano se ocupa del desarrollo de los espacios públicos en tanto que es en dichos espacios donde la comunidad se reunirá para ejercer libremente su ciudadanía y todos los derechos que le asisten, siendo siempre consciente de sus obligaciones dentro tal comunidad. De manera complementaria pero fundamental, el republicanismo basa su identidad en una democracia deliberativa y participativa. Es decir, requiere que el sujeto principal de la acción política -la comunidad en su conjunto-, manifieste su ciudadanía participando activamente en los asuntos públicos y no solo en los de su interés particular. Requiere que se ejerza deliberación en espacios de discusión y debate donde el ejercicio del poder se pondrá de manifiesto y por el contrario se aleja de toda pasividad donde se evidencie un desinterés por los asuntos del “otro” y dejando que sean “otros” quienes finalmente tomen las decisiones de orden público que, en buena cuenta, afectan el destino de todos y cada uno de los miembros de esa comunidad.

Reconoce a la democracia desde su enfoque instrumental pero también desde la perspectiva procedimental, como un valor intrínseco de la sociedad. El solo hecho de realizar acciones deliberativas y promover participación ciudadana, consolida el modelo democrático, con independencia de los resultados que se generen en base a dichos procesos deliberativos.

En términos de intervención estatal, reconoce su necesidad en tanto y en cuanto debe ejercer un rol corrector respecto a los fallos del libre mercado, en aras de corregir las imperfecciones del mismo y contrarrestar las desigualdades de origen que no permiten el pleno desarrollo de las capacidades de los ciudadanos menos favorecidos. Trazar una cancha plana para todos y todas.

De igual manera y como una característica principal, el centro republicano siempre, como una condición sine qua non, se desarrollará en un sistema de gobierno democrático, no permitiendo bajo ningún escenario la existencia de totalitarismos, oligarquías dominantes ni caudillismos que permitan el ejercicio del poder en beneficio de intereses particulares y por ende se aleje del mandato de representación que la ciudadanía le otorgó en su rol de soberano del poder.

En términos del ejercicio de la función pública un republicano siempre tomará partido por decisiones legislativas o ejecutivas que se alineen con su pensamiento político, pudiendo o no coincidir con decisiones de otras ideologías –ya sean liberales o socialistas-, pero no al contrario. No es el votante republicano, ubicado en ese centro político, quien se alinea con la derecha o la izquierda en determinados momentos, sino como digo, son los pensamientos de derecha o de izquierda los que se identifican con la identidad del republicano de centro y votan con él.

Como podemos apreciar, el centro político no es un espacio vacío que se permite llenar con elementos relativos de otros pensamientos políticos, sino muy por el contrario, es una doctrina definida que por contraposición a los pensamientos denominados de derecha o de izquierda supone un nivel de radicalismo – entendido este como la sujeción a la raíz, origen y fundamento- muy importante, donde sus miembros deben ejercer sus derechos y obligaciones con coraje y valentía en defensa siempre de sus propios ideales, valores éticos y principios soberanos.

A mi entender, elegir la opción de pertenecer a un centro democrático y republicano, supone mucho más valor y compromiso que dejarse llevar por extremismos intolerantes donde en ambos casos, derecha o izquierda, el planteamiento político supone el no reconocimiento de ninguna otra como válida; donde destruir es más fácil que construir y, sobre todo, donde la defensa de los sistemas democráticos no es una prioridad, sino por el contrario se es altamente permeable a dictaduras, caudillismo, mercantilismo y sobre todo corrupción. En un centro republicano, nada de eso es una opción.


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Escrito por

Hernán Díaz E.

Mg. en Derecho Corporativo y Finanzas. Abogado, empresario, emprendedor. Columnista y analista político.


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